"No todas las infancias son iguales", por Carmela Fernández
Desde chico tenía que ver a mis padres trabajando todo el día en el campo, sin parar y hambrientos. Mis padres siempre me hacían reír y pasar lindos momentos, principalmente mi madre que estaba agotada y con hambre, aun así, intentaba sacarme una sonrisa. Todo el país estaba viviendo la Revolución Rusa y había muchas familias que estaban pasando por lo mismo que la mía. Yo sabía que pronto iba a llegar mi momento de trabajar, pero no esperaba que fuese tan rápido. Al cumplir los nueve años, los dueños de la tierra me llevaron a un lugar lejos de mis padres para trabajar, siendo explotado, con mucha hambre y cansancio. Al correr de los años y al finalizar la Revolución Rusa, pude conseguir un trabajo que no me gustaba tanto, pero era mejor que lo que había estado haciendo los últimos años. No era un trabajo en el cual ganaba tanto dinero ya que había un montón de zapaterías. A veces en la zapatería me venían ataques de ansiedad, no me podía controlar, quería romper cosas y para...