"Una ida sin vuelta", por María Borrazás
Un día no hace mucho tiempo un zapatero de mediana altura, edad avanzada, bigote blanco y un humor no muy favorable se encontraba trabajando en su zapatería. Era un lugar muy oscuro, limpio, pero que hacía pensar en que su dueño no sería una persona muy feliz. De la casa a la zapatería y de la zapatería a la casa, y un día que otro pasaba por el almacén a comprar alimentos básicos como la leche, el pan, las frutas, la carne... Así eran todos sus días. No era una persona con muchos amigos, es más, tenía solo uno, pero vivía casi en la otra punta del país y además de que se hablaban poco las cartas tardaban mucho en llegar, incluso a veces ni llegaban. Un día Alojín (así era su nombre) se encontraba caminando, eran como las nueve de la noche, él ya había salido de trabajar, después de caminar como unas cinco cuadras escuchó un ruido en la basura, al principio se asustó, pero después… -¡ACHÚ!- escuchó un ruido agudo, como el estornudo de un niño. Él se acercó despacio y vi...